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El juicio de París

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El juicio de París

Cuando la bella Hécuba, la esposa del rey Príamo, estaba embarazada, tuvo un sueño espantoso. Soñó que daba a luz una antorcha, y tal era el miedo que le produjo ver como su ciudad se iba quemando, que se despertó asustada gritando, que había visto en su sueño como la ciudad de Troya se quemaba. Alarmados por esto, consultó a su marido, el vidente Aisacros, quien le dijo que ese bebé un día iba a causar la destrucción de su país. En consecuencia, Príamo ordenó que el niño se le debía dar muerte. Así, después del nacimiento del niño, se le dio al jefe de pastor, Agelao, para que lo matara. Agelao abandonó al niño en el monte Ida para dejarle morir de hambre, frío y sed, pero, cuando volvió al cabo de cinco días, se encontró al niño vivo y se lo llevó a su casa, donde lo crio en secreto. Con los cuidados y atenciones de Agelao el niño se hizo un jovencito llamado París, este se hizo famoso por su singular belleza, agudeza y habilidad.

Con el motivo de la boda de Peleo y Tetis, en el monte Pelión el héroe y la diosa del mar, invitaron a todos los dioses y diosas, con la excepción notable de Eris, la diosa de la Discordia. Esta muy enfadada por no haber sido invitada al banquete nupcial, irrumpió en la mitad de la celebración de la boda y arrojó una manzana de oro a los allí reunidos. Acto seguido se dirigió donde se encontraban las tres diosas más potentes, Hera, Atenea y Afrodita. Pidiendo a Zeus que eligiera la más bella. Pero Zeus tomó la sabía decisión de no ser él el que juzgara a las tres diosas y así que nombró a París de árbitro, pero antes de hacer esto, mandó primero a Hermes para preguntarle, si estaría dispuesto a actuar como juez. París estuvo de acuerdo y así se estableció un período para que las tres diosas les diera tiempo de aparecer con él, en el monte Ida.

Cuando llegó el día, París se sentó en una roca y esperó con el corazón palpitante de la llegada de las tres grandes diosas. De pronto apareció una gran luz que cubría toda la montaña. Al principio, cegado por la potente luz París no podía distinguir bien a las tres diosas que llegaban   envueltas sobre una nube. Encabezaba, Hera, la gran reina, se le acercó y alardeó de su belleza. Hera, resplandeciente le hizo una promesa a parís. Si le concedía la manzana, sería recompensado con riqueza y poder. Descartando el mayor reino en la tierra. París, ante este gran ofrecimiento, sintió deseos de acertar esta propuesta, su emoción y ambición se aumentaban y cada vez más codiciaba su regalo.

Acto seguido se acercó Atenea, sus ojos eran grisáceos, y se inclinó para que pudiera observar en la profundidad de sus ojos mágicos. Ella le prometió la victoria en todas las batallas, junto con la gloria y la sabiduría, los tres regalos más ambicionados que un hombre podía tener. Esta vez París sintió que su corazón se agitaba y que se le iba a salir por la boca y deseó la riqueza del conocimiento, la gloria y la destreza.

Finalmente llegó el turno de Afrodita que, inclinando su cabeza hacia atrás, el pelo cayó hacia delante, escondiendo el rubor en su rostro. Con mucha sensualidad, se aflojó el cinturón de la bata, dejando a la vista uno de sus pechos perfectamente formado, era blanco como el alabastro. “Paris” dijo, y su voz parecía cantar dentro de su cabeza. “Dame la manzana y a cambio te daré el don del amor. Vas a poder poseer a la mujer más bella de la tierra, una mujer igual a mí, perfecta. Teniéndola como compañera, experimentarás, los mayores placeres del amor. Elíjeme a mí París, y ella será tuya. ”

Paris, dominado por la embriaguez de sus palabras y su belleza, se encontró ofreciéndole la manzana sin siquiera pararse un poco a reflexionar sobre su decisión, él estaba siendo guiado solo por la fuerza de su deseo.

De esta manera fue como Paris concedió la Manzana de la discordia a Afrodita. Hera y Atenea pasaron a convertirse en sus enemigos. Afrodita fiel a lo que le había prometido, le dio a Helena, la más bella de las mujeres de la tierra, con el fin de que pudiera disfrutar con ella, tuvo que arrebatársela a su poderoso marido, Menelao. Es Así como comenzaron los diez años más terribles, la guerra entre los troyanos y los griegos en la que muchos héroes perdieron la vida, incluyendo la del propio París.


 

Estas son las entradas de mi blog dedicadas a Mitos griegos cortos

 

Escritora y Mitóloga española. Es Diplomada en Mitología por HarvardX, Plataforma digital de la Universidad de Harvard , donde estudió con el Prof. Gregory Nagy y por la Universidad de Pensilvana en Coursera donde estudió con el Prof. Peter Struck.

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