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El varón Izanagi y la mujer Izanami

El varón Izanagi y la mujer IzanamiEn la mitología japonesa los dioses invocaron a dos seres para que se multiplicasen y así de esta manera crearon el varón Izanagi y la mujer Izanami

Izanagi o Izanami,  también conocida como Izana-mi, Izanami-no-mikoto o Izanami-no-kami. Convertida más tarde en la diosa de la creación y de la muerte y en el sintoísmo, era la diosa principal, que junto a su esposo el dios Izanagi crearon el mundo, de lo que antes había sido más que una mera masa flotante.

Estaban destinados a presidir la tierra, el mar, las montañas, los ríos, los árboles y las hierbas. Su primogénito resultó ser el dios del mar, Owatatsumi-no-Kami.  A continuación, dieron a luz a los dioses patronos de los puertos, la deidad masculina Kamihaya-Akitsu-hiko, que le dieron el poder y el control de la tierra y la diosa Haya-Akitsu-hime  que le dieron el control del mar. Estas dos últimas deidades a la postre dieron a luz a otros ocho dioses.

Una vez la diosa Izanagi e Izanami creron el mundo y la masa flotante, dio a luz al viento-deidad, Kami-Shinatsuhiko-no-Mikoto. En el momento de su nacimiento, su aliento era tan potente que las nubes y nieblas, que habían colgado sobre la tierra desde el principio de los tiempos, se dispersaron rápidamente por todos los rincones del mundo, estos se llenaron de brillo. Kukunochi-no-Kami, era la deidad de los árboles, está fue la siguiente en nacer, a continuación de Oyamatsumi-no-Kami, dio a luz a la deidad de las montañas,  Kayanuhime-no-Kami, la diosa de las llanuras.

El proceso de la procreación, hasta ese punto había sido sin complicaciones, pero con el nacimiento de Kagutsuchi-no-Kami, la deidad del fuego, sucedió una gran fatalidad a  la madre divina Izanami. Durante el parto, la diosa fue tan severamente quemada por el niño que ella había dado a luz, que se desmayó por las quemaduras. Su consorte divina, profundamente alarmada, hizo todo lo posible para resucitarla, pero no conseguía abrir el apetito de la diosa que le había desaparecido por completo. La comida estaba colocada de tal manera para que comiera algo la diosa Izanagi,  le preparaban sus platos sabrosos, pero todo fue en vano, porque con el cuidado que ella iba ingiriendo los suculentos alimentos, todo lo que la diosa se iba tragando lo regurgitaba  casi de inmediato.

En una de estas regurgitaciones, fue cuando se produjo el milagro más grande de todos. De su boca nació Kanayama- Biko y Kanayama-hime, respectivamente, el dios y la diosa de los metales, mientras que de otras partes de su cuerpo nacieron, Haniyasu-hiko y Haniyasu-hime, respectivamente, el dios y la diosa de la tierra.

Antes producirse su “retiro divino”,  retiro, que marcó el final de su carrera terrenal, de una manera casi milagrosa, inesperadamente, ella dio a luz a su último hijo, la diosa Mizuhame-no-Mikoto. Su desaparición marca la intrusión de muerte en el mundo.

Del mismo modo la corrupción de su cuerpo y el dolor ocasionado por su muerte eran cada uno el primero de su especie.

Por la muerte de su esposa fiel Izanagi estaba ahora completamente solo en el mundo. Con las instrucciones de los dioses celestiales, que había creado y consolidado el Imperio Isla de Japón.

En el cumplimiento de su misión divina, él y su esposa celestial habían vivido una vida ideal de amor mutuo y de colaboración. Es natural, por tanto, que su muerte fuera un golpe verdaderamente mortal. Se arrojó sobre su cuerpo postrado gritando: “¡Oh, mi querida esposa, ¿por qué te has ido, me  has dejado solo ¿Cómo podría yo substituirte por un solo niño? Vuelve por el bien del mundo en el que todavía queda mucho que hacer? En un ataque de dolor incontrolable, se puso a sollozar. Sus ardientes lágrimas cayeron como el granizo, y de sus las lagrimales nació un bebé hermoso, la diosa Nakisawame-no-Mikoto. Asombrado por lo que había sucedido, miró con asombro al recién nacido, pero pronto sus lágrimas dejaron de caer. Fue así que una ira muy grande se apoderó de él y posando sus ojos sobre el dios infante del fuego, de cuyo nacimiento había demostrado ser tan fatal para terminar con la vida de su madre. En un pronto, sacó su espada, Totsuka-no-Tsurugi, y llorando en su ira: ” Por tú matricidio odioso,” decapitó a su descendencia ardiente. Hasta le disparó un pico carmesí de la sangre.

Fuera de la espada y junto a la sangre surgieron ocho deidades más, fuertes y valientes. “¡Qué! Más hijos!” -exclamó Izanagi, tan sorprendido por su repentina aparición, en el momento siguiente, ocho deidades más nacieron desde el cuerpo sin vida del firegod bebé.

Salieron de las diversas partes del cuerpo:

  1. la cabeza, pecho, estómago, manos, pies, y el ombligo, y, para añadir a su asombro, todos ellos fueron ferozmente hacia él. Estupefacto inspeccionaba a los recién llegados, uno tras otro. Mientras tanto Izanami, para quien su divino esposo consumía tan amargamente, había abandonado este mundo a la Tierra de Hades.

Visita de Izanagi a la Tierra de Hades

Izanag se había convertido en un viudo, la presencia de tantos descendientes podrían haberle, consolado, y sin embargo, cuando se acordó de su cónyuge, de lo mucho que había sido ella para él,  la añoró tanto a su esposa que de nuevo, la tristeza invadió su corazón y sus ojos se llenaron de lágrimas.

En este estado de ánimo, sentado solo en la medianoche solo era capaz de pronunciar su nombre en voz alta una y otra vez, sin importar el hecho de que él no podía esperar ninguna respuesta. Sus propios gritos lastimeros simplemente se hicieron eco de vuelta de las paredes de su habitación. Incapaz de soportar por más tiempo su dolor, decidió bajar a las regiones inferiores con el fin de buscar a Izanami y traerla de vuelta, a toda costa, para el mundo. Comenzó así un largo y dudoso viaje.

Muchos millones de millas separaban la Tierra de las regiones más bajas y hubo innumerables, lugares empinados y peligrosos, pero la determinación indomable de Izanagi para recuperar a su esposa le permitieron finalmente superar todas estas dificultades. Por fin logró llegar a su destino. Muy por delante de él, se divisó un gran castillo. “Ese, sin duda”, reflexionó con placer por ahí era donde por debía de ir.

 

Haciendo acopio de todo su valor, se acercó a la entrada principal del castillo. Allí se encontraban una serie de demonios gigantescos, algunos rojos, otros negros guardando las puertas. Volvió sobre sus pasos con cuidado, y ​​descubrió una puerta en la parte trasera del castillo. Se percató de que dicha puerta al parecer alguien había dejado sin vigilancia.

Se arrastró cautelosamente por la puerta y se asomó al interior del castillo, cuando de inmediato vio a su mujer de pie en un patio interior delante de una puerta. La mujer que estaba allí parada y se escuchó una Deidad en voz alta llamándola por su nombre. “¿Por qué? Hay alguien que me llama,” suspiró Izanami, y miró a su alrededor, para ver quién estaba pronunciando su nombre.

¿Cuál fue el asombro de Izanag, por poder ver a su amada esposa de pie junto a la puerta y mirándole fijamente! Ya la tenía, pensó, de hecho, Con su corazón saltando de alegría, se acercó a su esposa y cogió sus manos tiernamente y murmuró en tonos profundos y sinceros: “Mi querida, he venido para llevarte de vuelta al mundo Vuelve, te lo ruego, u puedas completar nuestra obra de la creación, de acuerdo con la voluntad de los dioses celestiales, nuestro trabajo, que ha quedado solo ¡No puedo hacer nada sin ti!

Tu pérdida significa para mí la pérdida de todo. “Este llamamiento llegó desde el fondo de su corazón.

La diosa simpatizaba con él más profundamente, pero respondió con tierna tristeza: “¡Ay!  Has llegado demasiado tarde ya he comido del horno de Hades!..

Una vez después de haber comido de las cosas de esta tierra, es imposible para mí regresar de nuevo al mundo. “Diciendo esto, ella bajó la cabeza muy triste.

“No, tengo que te suplicarte que vuelva, ¿habrá algo, para que lo que queremos los dos se pueda lograr?” -preguntaba su marido, acercándose a ella. Después de reflexionar, ella respondió: “Tú lo has recorrido, has hecho un muy, muy largo camino, para recuperarme, pero hazlo por mí y por tu bien y también por lo mucho que te  aprecio, en este momento lo que más quiero es  que te vayas, lo deseo de todo corazón, yo también hubiese querido volver contigo, pero antes de que pueda hacerlo, primero debe obtener el permiso de las deidades del Hades.

Esperé aquí hasta mi regreso, pero recuerda que tú no debes por ningún motivo mirar el interior del castillo, ni entrar. “Te juro que así haré lo que tú me mandes” quoth Izanagi “, pero no te detengas en tu misión.” Con la confianza implícita en prenda de su marido, la diosa desapareció en el castillo.

Izanagi recordaba lo que le había dicho su amada esposa. Se quedó quieto,  donde estaba, y esperó con mucha impaciencia el regreso de su esposa. Esperó y esperó, pero allí pasaba el tiempo y su esposa no aparecía. El día avanzaba gradualmente y se desvanecía el poco tiempo que le habían dado, las tinieblas estaban a punto de caer, y un extraño viento sobrenatural comenzó a golpear su rostro.

De pronto, una extraña sensación de desconfianza, se apoderó de todo su ser, olvidando la promesa que le había hecho a su mujer, y entonces, encendió una luz y se deslizó sigilosamente mirando a su alrededor. Encontrando a su mujer muerta en una habitación: y he aquí que un cambio espantoso se había apoderado de su mujer.

 

Ella, siempre había sido deslumbrantemente, muy hermosa, y se había convertido en nada más que un cadáver en avanzado estado de descomposición. En ella pudo ver horrorizado los ojos de; el Thunder, su Fuego habitaba en ella, la cabeza,  era  la de  Thunder Negro en su vientre, tenía a el Desgarrador-Trueno en el abdomen, el Thunder joven,  en su mano izquierda, la Tierra, el Trueno en su mano derecha, el Rumbling, el Trueno en su pie izquierdo, y el Couchant, el Trueno en su pie derecho: – un total de ocho Thunder-Deidades habían nacido y habitaban allí, unidos en los restos de lo que había sido su mujer lanzando llamas de sus bocas. Izanagitno-Mikoto.  Izanagi se alarmó de lo que había visto, que se le cayó la luz y puso pies en polvorosa.

El sonido que hizo al caer el objeto, despertó  a Izanami del sueño semejante a la muerte. Para, gritó él debe haberme visto en este estado repugnante, debe morir. Me ha puesto en vergüenza y  además ha roto su promesa solemne. ¡Desgraciado infiel, voy a hacerte sufrir por este engaño”,  volviéndose hacia el Brujas de Hades,  a quienes ordenó dar caza a su esposo. Para capturarlo. Mandó un ejército de demonios femeninos detrás de la Deidad.

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Escritora y Mitóloga española. Es Diplomada en Mitología por HarvardX, Plataforma digital de la Universidad de Harvard , donde estudió con el Prof. Gregory Nagy y por la Universidad de Pensilvana en Coursera donde estudió con el Prof. Peter Struck.

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