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Los Mitos Japoneses

Los Mitos Japoneses
La creación de los dioses mayores

Al principio de los tiempos cuando se creó el Cielo y la Tierra, tres dioses se crearon a ellos mismos y fueron a esconderse en el cielo.

Según se sabe de los mitos Japoneses el último hijo nacido de Izanami fue el dios del fuego, cuando nació, le causó tales quemaduras en los genitales a su madre por el alumbramiento que esto le causó la muerte muriendo en el parto. Pero mientras se moría, nacieron dos hijos más pero Izanagi ante el espectáculo de su esposa muerta le cortó la cabeza a su hijo el dios del fuego. Sigue leyendo

Escritora y Mitóloga española. Es Diplomada en Mitología por HarvardX, Plataforma digital de la Universidad de Harvard , donde estudió con el Prof. Gregory Nagy y por la Universidad de Pensilvana en Coursera donde estudió con el Prof. Peter Struck.

La muerte de Sócrates

La muerte de Socrates

Antes de hablar de la muerte de Sócrates vamos a intentar saber por qué se llegó a esa sentencia. Veamos primero la situación que se encontraba Atenas en los albores del siglo IV antes de Cristo para tratar de comprender un poco lo que llevó a los atenienses, a tomar esa decisión y, en última instancia cómo este juicio tuvo lugar sin tener en cuenta quién era el ciudadano Sócrates.

Cuando Pericles elogió la democracia 430 aC ante la asamblea, Atenas  estaba en la cima de su poder. La más poderosa polis griega era Atenas, casi un siglo de gloria absoluta. Pero la guerra comenzó en los albores del siglo IV. Casi treinta años de conflictos hizo que Atenas se hundiera en la miseria, convirtiéndose en una ciudad derrotada, magullada y desgarrada. Tucídides fue el historiador de esta guerra fratricida narrada en su obra La guerra del Peloponeso.

Todos los atenienses se vieron afectados por los resultados de la guerra. Muchos de ellos perdieron sus tierras, otros fueron víctimas de la peste, el propio Pericles murió de Peste al principio del conflicto. Los que más adquisición económica tenían perdieron su fortuna por haber financiado las operaciones militares, perdiendo también a los esclavos que participaron en el campo de batalla. Una cuarta parte de los ciudadanos atenienses murieron durante estos veinticinco años, además, todo una generación se formó

Atenas desde el principio de la guerra fue sitiada por Esparta y era suministrada por su poderosa flota. Proveer la ciudad por mar era muy costoso y el Estado tuvo que cortar la asignación designada  a los miembros del jurado. reduciendo a los jueces. Esta nueva medida llevó a los ciudadanos a una falta de interés por la política,esos ciudadanos, que necesitaban el dinero para reconstruir sus vidas. Los ciudadanos se especializaron en la guerra, ahora no lo eran guerreros los espartanos. Para muchos era su única fuente de ingresos y en los periodos de tregua alquilaban sus espadas a otras ciudades. Ante la falta de interés por la política, aparecieron políticos profesionales expertos en remover las bajas pasiones de las masas, los demagogos que terminaron por dominar la democracia a su voluntad.

Los sofistas era la corriente filosófica que alimentaba a los demagogos, el discurso de estos demagogos,por la diversidad de opiniones, alimentaba las controversias y el clima político fue el  más cruento  e incoherente en mucho tiempo. Los abogados, los dioses, las relaciones sociales , todo se puso en duda y fue cuestionado, pues según defendían los sofistas, el hombre era la medida de todas las cosas

Aristófanes, en su comedia “Las Nubes”, describió a Sócrates nada más y nada menos como el gurú de los sofistas. Tendríamos que conocer acerca de este hombre para entender cómo se puede presentar por un lado a un famoso dramaturgo como el primer modelo de los sofistas y por el otro lado por sus discípulos como su oponente.

La democracia no era sinónimo de bueno para el pueblo, ya que manejada por los demagogos, muchas veces se aprobaba decisiones que perjudicaban seriamente los intereses de Atenas, es más la mayoría de las veces se equivocaba. Sócrates tenía  un carácter anti democrático por estos acontecimientos;  pero esto no era totalmente exacto. Las críticas que formulaba hacia el sistema  no salía del círculo de sus amigos más íntimos.

Sócrates defendió a conciencia sus derechos y deberes como ciudadano y luchó como hoplita en Potidea, Anfípolis y Dellion.

No debemos de olvidar  que Sócrates se mostró a favor de un sistema político oligárquico de Esparta. Durante una discusión con el joven Pericles, hijo del gran estratega, Sócrates le dijo esto:

 “Acordaos, también, de que si vuestro país tiene el nombre más grande de todo el mundo, es porque nunca se ha doblegado frente a un desastre; porque ha gastado más vida y esfuerzo en la guerra que cualquier otra ciudad, y ha ganado para sí misma un poder mayor que cualquier otro conocido, memoria de lo cual descenderá hasta la posteridad“.

Sea cual fuera el trasfondo político real de su juicio, había otras razones ilógicas  de los acusadores de Sócrates.

Uno de los puntos muy importantes de su constitución democrática era el sistema judicial de Atenas. El tribunal era nombrado por jueces Heliea. Este grupo de jueces  eran reclutados al azar para juzgar cada una de las causas. La acusación contra Sócrates fue presentada solamente por tres ciudadanos: Mélitos, Anytos y Lyco. Parece ser que Mélitos solo se quejaba a los magistrados, por lo que sus dos compañeros eran  “seguidores” más que cómplices.

Fue juzgado por dos cargos: Por la corrupción de la juventud y la creencia en dioses que no eran los de la ciudad.

  • Sobre el primer punto, no fue necesario tratar el tema en profundidad. Era amigo de Alcibíades, Critias y Cármides. Sócrates podría pasar fácilmente por ser el consejero, corrompiendo a los jóvenes políticos.
  • Sobre el segundo punto,  también fue fácil de entender. Sócrates, al igual que muchos filósofos y sofistas, valoraba más la lógica que la fe.

El día del juicio, Jenofonte comunicó, que Sócrates no había preparado su defensa, y prefirió confiar en la sabiduría del pueblo ateniense. Incluso se negó la ayuda de logógrafo Lisias, uno de los más destacados de su tiempo.

Después Mélitos presentó todos los cargos principales, Sócrates habló. Él no trató de compadecerse ante los jueces o mostrar una justificación a su modo de actuar. Sin embargo, la refutación de los argumentos que hizo Mélitos fue muy convincente. Anytos Lyco, como ultimo recurso última quiso defender  a su amigo. En la votación de los 501 jueces, 280 votos declararon a favor de la condena de Sócrates y 221 para su absolución. Cuando Sócrates le preguntaron su opinión,  contestó que lo más barato sería la de alimentar la recompensa suprema Pritaneo dando a vencedores a el olímpico. De las dos opciones, los jueces exigieron la pena de muerte.

La sentencia de pena de muerte ordenada por el tribunal no se podía aplicar de inmediato; tuvieron que esperar al regreso del vaso sagrado. Sócrates pasó ese tiempo en la prisión recibiendo visitas de todos sus amigos. Entonces, la última noche,  antes de una espléndida puesta de sol, bebió la cicuta, se tumbó en la cama y murió.

Fue su discípulo Platón, quién diera a conocer en forma de reflexiones de su maestro sus pensamientos. Con la muerte de Sócrates en la Antigua Grecia surgió el pensamiento filosófico de las grandes escuelas griegas.

Platón su alumno idealiza la interpretación que nos describe su muerte ejemplar. Trágica por el momento en el que sucedió, y cómo pasó, el modo que la llevaron y la manera que afrontó su maestro este rato y del modo que fue llevada; por la fuerza espiritual y sobre todo por la integridad y la valentía.

En este caso en particular no disponemos de documentos argumentando los hechos de La muerte de Socrates por nadie más que su alumno Platón, gracias a él y a Jenofonte, hemos conocido de la muerte de Sócrates,

Sobre los testimonios que el mismo Sócrates hizo en su “defensa”. Simplemente se limitó, a desmantelar los argumentos de la acusación,  exponiendo sus puntos y llegó incluso a desmontar todo la parafernalia, ridiculizando aquellos que querían verle desaparecer.

“Vosotros salís de aquí a vivir; yo, a morir; Dios sabe cuál de las dos cosas es mejor.”

El tema de Sócrates nos deja muchas dudas al respecto, con Sócrates se cometió una injusticia. Sócrates era un ciudadano que cumplía las leyes, rechazando en numerosas ocasiones  los ofrecimientos de sus discípulos para proporcionarle esa huida hacia la libertad.

Con la muerte de Sócrates en la Antigua Grecia surgió el pensamiento filosófico de las grandes escuelas griegas.

La muerte de Sócrates es un evento que marcó la historia de la civilización occidental. La imagen del hombre sabio, la víctima de la intolerancia de sus compatriotas, pero con admirable coraje y serenidad no ha perdido nada de su carácter ejemplar, incluso después de 25 siglos de historia.

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Escritora y Mitóloga española. Es Diplomada en Mitología por HarvardX, Plataforma digital de la Universidad de Harvard , donde estudió con el Prof. Gregory Nagy y por la Universidad de Pensilvana en Coursera donde estudió con el Prof. Peter Struck.

El varón Izanagi y la mujer Izanami

El varón Izanagi y la mujer IzanamiEn la mitología japonesa los dioses invocaron a dos seres para que se multiplicasen y así de esta manera crearon el varón Izanagi y la mujer Izanami

Izanagi o Izanami,  también conocida como Izana-mi, Izanami-no-mikoto o Izanami-no-kami. Convertida más tarde en la diosa de la creación y de la muerte y en el sintoísmo, era la diosa principal, que junto a su esposo el dios Izanagi crearon el mundo, de lo que antes había sido más que una mera masa flotante.

Estaban destinados a presidir la tierra, el mar, las montañas, los ríos, los árboles y las hierbas. Su primogénito resultó ser el dios del mar, Owatatsumi-no-Kami.  A continuación, dieron a luz a los dioses patronos de los puertos, la deidad masculina Kamihaya-Akitsu-hiko, que le dieron el poder y el control de la tierra y la diosa Haya-Akitsu-hime  que le dieron el control del mar. Estas dos últimas deidades a la postre dieron a luz a otros ocho dioses.

Una vez la diosa Izanagi e Izanami creron el mundo y la masa flotante, dio a luz al viento-deidad, Kami-Shinatsuhiko-no-Mikoto. En el momento de su nacimiento, su aliento era tan potente que las nubes y nieblas, que habían colgado sobre la tierra desde el principio de los tiempos, se dispersaron rápidamente por todos los rincones del mundo, estos se llenaron de brillo. Kukunochi-no-Kami, era la deidad de los árboles, está fue la siguiente en nacer, a continuación de Oyamatsumi-no-Kami, dio a luz a la deidad de las montañas,  Kayanuhime-no-Kami, la diosa de las llanuras.

El proceso de la procreación, hasta ese punto había sido sin complicaciones, pero con el nacimiento de Kagutsuchi-no-Kami, la deidad del fuego, sucedió una gran fatalidad a  la madre divina Izanami. Durante el parto, la diosa fue tan severamente quemada por el niño que ella había dado a luz, que se desmayó por las quemaduras. Su consorte divina, profundamente alarmada, hizo todo lo posible para resucitarla, pero no conseguía abrir el apetito de la diosa que le había desaparecido por completo. La comida estaba colocada de tal manera para que comiera algo la diosa Izanagi,  le preparaban sus platos sabrosos, pero todo fue en vano, porque con el cuidado que ella iba ingiriendo los suculentos alimentos, todo lo que la diosa se iba tragando lo regurgitaba  casi de inmediato.

En una de estas regurgitaciones, fue cuando se produjo el milagro más grande de todos. De su boca nació Kanayama- Biko y Kanayama-hime, respectivamente, el dios y la diosa de los metales, mientras que de otras partes de su cuerpo nacieron, Haniyasu-hiko y Haniyasu-hime, respectivamente, el dios y la diosa de la tierra.

Antes producirse su “retiro divino”,  retiro, que marcó el final de su carrera terrenal, de una manera casi milagrosa, inesperadamente, ella dio a luz a su último hijo, la diosa Mizuhame-no-Mikoto. Su desaparición marca la intrusión de muerte en el mundo.

Del mismo modo la corrupción de su cuerpo y el dolor ocasionado por su muerte eran cada uno el primero de su especie.

Por la muerte de su esposa fiel Izanagi estaba ahora completamente solo en el mundo. Con las instrucciones de los dioses celestiales, que había creado y consolidado el Imperio Isla de Japón.

En el cumplimiento de su misión divina, él y su esposa celestial habían vivido una vida ideal de amor mutuo y de colaboración. Es natural, por tanto, que su muerte fuera un golpe verdaderamente mortal. Se arrojó sobre su cuerpo postrado gritando: “¡Oh, mi querida esposa, ¿por qué te has ido, me  has dejado solo ¿Cómo podría yo substituirte por un solo niño? Vuelve por el bien del mundo en el que todavía queda mucho que hacer? En un ataque de dolor incontrolable, se puso a sollozar. Sus ardientes lágrimas cayeron como el granizo, y de sus las lagrimales nació un bebé hermoso, la diosa Nakisawame-no-Mikoto. Asombrado por lo que había sucedido, miró con asombro al recién nacido, pero pronto sus lágrimas dejaron de caer. Fue así que una ira muy grande se apoderó de él y posando sus ojos sobre el dios infante del fuego, de cuyo nacimiento había demostrado ser tan fatal para terminar con la vida de su madre. En un pronto, sacó su espada, Totsuka-no-Tsurugi, y llorando en su ira: ” Por tú matricidio odioso,” decapitó a su descendencia ardiente. Hasta le disparó un pico carmesí de la sangre.

Fuera de la espada y junto a la sangre surgieron ocho deidades más, fuertes y valientes. “¡Qué! Más hijos!” -exclamó Izanagi, tan sorprendido por su repentina aparición, en el momento siguiente, ocho deidades más nacieron desde el cuerpo sin vida del firegod bebé.

Salieron de las diversas partes del cuerpo:

  1. la cabeza, pecho, estómago, manos, pies, y el ombligo, y, para añadir a su asombro, todos ellos fueron ferozmente hacia él. Estupefacto inspeccionaba a los recién llegados, uno tras otro. Mientras tanto Izanami, para quien su divino esposo consumía tan amargamente, había abandonado este mundo a la Tierra de Hades.

Visita de Izanagi a la Tierra de Hades

Izanag se había convertido en un viudo, la presencia de tantos descendientes podrían haberle, consolado, y sin embargo, cuando se acordó de su cónyuge, de lo mucho que había sido ella para él,  la añoró tanto a su esposa que de nuevo, la tristeza invadió su corazón y sus ojos se llenaron de lágrimas.

En este estado de ánimo, sentado solo en la medianoche solo era capaz de pronunciar su nombre en voz alta una y otra vez, sin importar el hecho de que él no podía esperar ninguna respuesta. Sus propios gritos lastimeros simplemente se hicieron eco de vuelta de las paredes de su habitación. Incapaz de soportar por más tiempo su dolor, decidió bajar a las regiones inferiores con el fin de buscar a Izanami y traerla de vuelta, a toda costa, para el mundo. Comenzó así un largo y dudoso viaje.

Muchos millones de millas separaban la Tierra de las regiones más bajas y hubo innumerables, lugares empinados y peligrosos, pero la determinación indomable de Izanagi para recuperar a su esposa le permitieron finalmente superar todas estas dificultades. Por fin logró llegar a su destino. Muy por delante de él, se divisó un gran castillo. “Ese, sin duda”, reflexionó con placer por ahí era donde por debía de ir.

 

Haciendo acopio de todo su valor, se acercó a la entrada principal del castillo. Allí se encontraban una serie de demonios gigantescos, algunos rojos, otros negros guardando las puertas. Volvió sobre sus pasos con cuidado, y ​​descubrió una puerta en la parte trasera del castillo. Se percató de que dicha puerta al parecer alguien había dejado sin vigilancia.

Se arrastró cautelosamente por la puerta y se asomó al interior del castillo, cuando de inmediato vio a su mujer de pie en un patio interior delante de una puerta. La mujer que estaba allí parada y se escuchó una Deidad en voz alta llamándola por su nombre. “¿Por qué? Hay alguien que me llama,” suspiró Izanami, y miró a su alrededor, para ver quién estaba pronunciando su nombre.

¿Cuál fue el asombro de Izanag, por poder ver a su amada esposa de pie junto a la puerta y mirándole fijamente! Ya la tenía, pensó, de hecho, Con su corazón saltando de alegría, se acercó a su esposa y cogió sus manos tiernamente y murmuró en tonos profundos y sinceros: “Mi querida, he venido para llevarte de vuelta al mundo Vuelve, te lo ruego, u puedas completar nuestra obra de la creación, de acuerdo con la voluntad de los dioses celestiales, nuestro trabajo, que ha quedado solo ¡No puedo hacer nada sin ti!

Tu pérdida significa para mí la pérdida de todo. “Este llamamiento llegó desde el fondo de su corazón.

La diosa simpatizaba con él más profundamente, pero respondió con tierna tristeza: “¡Ay!  Has llegado demasiado tarde ya he comido del horno de Hades!..

Una vez después de haber comido de las cosas de esta tierra, es imposible para mí regresar de nuevo al mundo. “Diciendo esto, ella bajó la cabeza muy triste.

“No, tengo que te suplicarte que vuelva, ¿habrá algo, para que lo que queremos los dos se pueda lograr?” -preguntaba su marido, acercándose a ella. Después de reflexionar, ella respondió: “Tú lo has recorrido, has hecho un muy, muy largo camino, para recuperarme, pero hazlo por mí y por tu bien y también por lo mucho que te  aprecio, en este momento lo que más quiero es  que te vayas, lo deseo de todo corazón, yo también hubiese querido volver contigo, pero antes de que pueda hacerlo, primero debe obtener el permiso de las deidades del Hades.

Esperé aquí hasta mi regreso, pero recuerda que tú no debes por ningún motivo mirar el interior del castillo, ni entrar. “Te juro que así haré lo que tú me mandes” quoth Izanagi “, pero no te detengas en tu misión.” Con la confianza implícita en prenda de su marido, la diosa desapareció en el castillo.

Izanagi recordaba lo que le había dicho su amada esposa. Se quedó quieto,  donde estaba, y esperó con mucha impaciencia el regreso de su esposa. Esperó y esperó, pero allí pasaba el tiempo y su esposa no aparecía. El día avanzaba gradualmente y se desvanecía el poco tiempo que le habían dado, las tinieblas estaban a punto de caer, y un extraño viento sobrenatural comenzó a golpear su rostro.

De pronto, una extraña sensación de desconfianza, se apoderó de todo su ser, olvidando la promesa que le había hecho a su mujer, y entonces, encendió una luz y se deslizó sigilosamente mirando a su alrededor. Encontrando a su mujer muerta en una habitación: y he aquí que un cambio espantoso se había apoderado de su mujer.

 

Ella, siempre había sido deslumbrantemente, muy hermosa, y se había convertido en nada más que un cadáver en avanzado estado de descomposición. En ella pudo ver horrorizado los ojos de; el Thunder, su Fuego habitaba en ella, la cabeza,  era  la de  Thunder Negro en su vientre, tenía a el Desgarrador-Trueno en el abdomen, el Thunder joven,  en su mano izquierda, la Tierra, el Trueno en su mano derecha, el Rumbling, el Trueno en su pie izquierdo, y el Couchant, el Trueno en su pie derecho: – un total de ocho Thunder-Deidades habían nacido y habitaban allí, unidos en los restos de lo que había sido su mujer lanzando llamas de sus bocas. Izanagitno-Mikoto.  Izanagi se alarmó de lo que había visto, que se le cayó la luz y puso pies en polvorosa.

El sonido que hizo al caer el objeto, despertó  a Izanami del sueño semejante a la muerte. Para, gritó él debe haberme visto en este estado repugnante, debe morir. Me ha puesto en vergüenza y  además ha roto su promesa solemne. ¡Desgraciado infiel, voy a hacerte sufrir por este engaño”,  volviéndose hacia el Brujas de Hades,  a quienes ordenó dar caza a su esposo. Para capturarlo. Mandó un ejército de demonios femeninos detrás de la Deidad.

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Escritora y Mitóloga española. Es Diplomada en Mitología por HarvardX, Plataforma digital de la Universidad de Harvard , donde estudió con el Prof. Gregory Nagy y por la Universidad de Pensilvana en Coursera donde estudió con el Prof. Peter Struck.


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